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Ezcaray: Un paraíso gastronómico

Necesitaba una pequeña escapada y decidí visitar Ezcaray, para mi uno de los pueblos más bonitos de España y que constituye además un paraíso gastronómico donde hay restaurantes de referencia, un producto excelente y donde se puede disfrutar del a cultura del pincho, de platos tradicionales, muy apegados al terruño. Además cuenta con el templo gastronómico del ‘Restaurante Echaurren’, con un cocinero que en mi opinión es el de mayor proyección de España, Francis Paniego que mantiene las ideas muy claras, con los pies en el suelo disfrutando de su éxito y que desde el respeto a la tradición hace evolucionar la cocina de su tierra.

En Ezcaray cada calle tiene una foto, es un lugar de gente amable, hospitalaria y de familias enteras defendiendo sus negocios. Tengo un lugar de referencia por sus pinchos ‘El Masip’ donde desayuno, tomo el aperitivo o me ceno una sopa de ajo de esas que levantan el ánimo. Sus propietarios son la familia Masip, con su madre Doña Vicenta como alma del negocio. Me confesó que tiene 81 años y que lo que quiere es salud y trabajo. Se levanta temprano y sigue al pie del cañón. Uno de sus hijos Pedro tiene un restaurante también ‘Masip’ y me sorprendió, no sólo por su sencillez como persona, sino por la decoración tan acogedora de su restaurante y por su comida. Se declara cocinero de los productos de su tierra, especialista en caza y setas. Un descubrimiento.

Paseé por las maravillosas calles de Ezcaray y hasta subí al Valle para ver la nieve y a los esquiadores necesitados de más. Para reponer fuerzas, fui al ‘Bar Satorre’ donde con un buen clarete, unas Gildas y unos bocaditos de Bacalao saboreé la cultura del pincho tan arraigada en esta zona.

Me aloje en los Apartamentos Turísticos Ezcaray que os recomiendo, cuidados hasta el último detalle por su propietaria Loli Calvo, de arquitectura tradicional y perfecta decoración interior. Están situados en el centro de Ezcaray, frente a una amplia y tranquila Plaza, soleados y con magníficas vistas a la montaña.

No me podía ir sin ir al templo gastronómico del ‘Echaurren’, intente ver a Marisa, mi cocinera sin estrellas a la que quiero y admiro profundamente, tenía gripe y me dejó en manos de su hijo Francis Paniego. Imposible resistirme al menú tradicional, las croquetas, que no conozco otras iguales y las clásicas albóndigas. Creo que empiezo el año con buen pie, al menos gastronómicamente hablando.

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